El retorno a clases dejó de ser un trámite anual para convertirse en una de las pruebas más exigentes del presupuesto familiar en Colombia.
Cada cuaderno, uniforme o par de zapatos escolares suma presión a hogares que ya vienen ajustados por el aumento del costo de vida. En 2025, las familias invirtieron entre $300.000 y $700.000 por hijo para cubrir los gastos escolares, según la Encuesta de Temporada Escolar de Fenalco.
La cifra no solo revela el peso económico del inicio del año académico, sino también una realidad estructural: la mitad de los adultos en el país no tiene acceso efectivo a financiación formal o semiformal, lo que limita su capacidad de compra justo cuando más la necesitan.
Presión económica para el retorno a clases
Los datos de Fenalco muestran un panorama claro. El 35 % de las familias destinó entre $300.000 y $500.000, mientras que un 29 % superó los $700.000 en gastos educativos. A esto se suma una percepción casi unánime: 9 de cada 10 hogares sintieron aumentos de precios frente al año anterior.
Este escenario obliga a muchas familias a priorizar, aplazar compras o endeudarse informalmente. El regreso a clases, que debería ser un proceso de preparación académica, se transforma así en un ciclo de estrés financiero que impacta la liquidez y la planificación mensual.
Para los comercios, la consecuencia es directa: clientes con intención de compra que no logran cerrar la transacción. Cuando solo existen pagos en efectivo o tarjetas de crédito tradicionales, una parte importante de la demanda queda excluida.
Una brecha que limita la compra de útiles escolares
La raíz del problema va más allá de la temporada escolar. El Reporte de Inclusión Financiera 2024, elaborado por Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera de Colombia, evidenció una brecha persistente: aunque el 96,3 % de los adultos tiene al menos un producto financiero, solo el 35,5 % accede a crédito en el sistema financiero. Incluso sumando créditos otorgados por empresas del sector real, apenas se alcanza un 50,5 %.
Esta limitación golpea con fuerza en temporadas como la escolar. “El consumidor necesita flexibilidad para organizar sus compras y pagar a cuotas, pero el sistema excluye a quienes no tienen liquidez ni tarjeta de crédito”, explica Daniel Garzón, CEO de Creditop. El resultado es una paradoja frecuente: existe necesidad real y voluntad de compra, pero no un medio de pago adecuado.
Tecnología y hubs de financiación: una respuesta para familias y comercios
Frente a este cuello de botella, la tecnología financiera emerge como aliada. Modelos conocidos como “hubs de financiación” permiten a los comercios integrar, en un solo flujo digital, múltiples opciones de crédito provenientes de bancos, cooperativas y fintechs. Por ejemplo, plataformas como Creditop hacen posible que, con solo el número de documento, el cliente conozca en tiempo real las alternativas de financiación disponibles y elija la que mejor se ajuste a su flujo mensual.
Además, estos sistemas permiten que los propios comercios diseñen líneas de financiación propias, apalancadas en su inventario y márgenes, mientras la plataforma gestiona la tecnología, la originación y la administración de la cartera. El impacto es tangible: cierres de venta más rápidos, mayor ticket promedio y una experiencia de compra menos restrictiva.
De cara a la temporada escolar, Creditop recomienda tres acciones clave para los comercios:
- Visibilizar las opciones de financiación desde la vitrina hasta los canales digitales, comunicando el valor en cuotas y no solo el precio total.
- Unificar y diversificar el crédito en un único flujo, reduciendo fricciones y aumentando la probabilidad de aprobación.
- Diseñar líneas propias para clientes estratégicos, apoyadas en tecnología que amplíe el acceso sin depender de una sola política de riesgo.
En un país donde el acceso al crédito sigue siendo desigual, el regreso a clases pone sobre la mesa un debate urgente: sin financiación flexible, miles de familias quedan fuera del sistema educativo en condiciones dignas. La combinación de información, tecnología e inclusión financiera ya no es opcional; es una necesidad para que ningún cuaderno se quede sin dueño por falta de crédito.
¿Cree que el acceso al crédito debería ser parte de la conversación educativa? Comparta este artículo y visibilicemos cómo la financiación puede marcar la diferencia en el regreso a clases de miles de familias.
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