Hoy, para superar esa crisis, es necesario realizar cinco transformaciones urgentes que las universidades deben hacer para sobrevivir.
Los pregrados en Colombia y hasta en otros países de la región, enfrentan una crisis estructural marcada por desfinanciación, menor demanda y dificultades de sostenibilidad.
Por Jaime Alberto Vélez Villa, exdecano de las Facultades de Comunicación y Filología de la Universidad de Antioquia y de Comunicación Audiovisual del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid.
Hace pocos días visité a un amigo y profesor titular de una prestigiosa universidad privada con sede en Medellín. Por compromisos de la agenda de ambos, la charla se desarrolló a las 2:00 de la tarde, una hora en la que muchos estudiantes ingresan a clases. En esa casa de estudios impartí clases en los años 2004 y 2005, y luego en 2014 y 2015. Recuerdo que los grupos de alumnos que ingresaban a las aulas en ese mismo bloque, con visual desde la oficina de mi amigo, eran de mínimo 25 o 30 estudiantes, pero esta vez, los observé reducidos, eran conjuntos de 8 o 10 jóvenes, situación que me llamó la atención y le pregunté al docente por qué esa situación, y me respondió que la situación en materia de matrículas no estaba fácil.
Decidí investigar sobre el tema, y en registros de varias universidades hallé que las universidades públicas arrastran un déficit superior a $19 billones, con problemas de gobernabilidad, paros prolongados y reducción de aspirantes, como ocurre en instituciones emblemáticas como la Universidad Nacional, la Universidad del Valle y la Universidad de Antioquia.
En las universidades privadas hallé que la baja natalidad y el aumento de costos han provocado “crisis financieras” y el eventual cierre de instituciones pequeñas.
A lo anterior se suma la deserción estudiantil, pues según cifras del Ministerio de Educación Nacional, solo 8 de cada 100 jóvenes culminan la educación superior, y se registra una caída significativa en aspirantes, por ejemplo, en la Universidad Nacional hay una disminución del 47% en seis años.
En conjunto, el sistema atraviesa una combinación de presión demográfica, dificultades financieras y pérdida de atractivo para los jóvenes.
Durante años, la educación superior latinoamericana vivió bajo una ilusión de crecimiento permanente. Más población joven significaba más matrículas y por ende, expansión institucional.
Ese ciclo parece estar terminando, hoy, la región atraviesa una transición demográfica acelerada. La CEPAL y el Banco Mundial han documentado una caída sostenida de la tasa de fecundidad: de 5,9 hijos por mujer en 1960 a menos de 2 en la actualidad. En Colombia, el DANE confirmó en 2023 el nivel más bajo de nacimientos en décadas.
Menos jóvenes hoy significan escasez de estudiantes mañana
Pero el desafío no es únicamente demográfico. Es cultural y tecnológico. La nueva generación cuestiona el retorno de inversión de una carrera larga. Y la inteligencia artificial está redefiniendo profesiones a una velocidad que los planes de estudio tradicionales no siempre logran seguir.
El Foro Económico Mundial proyecta que más del 40% de las habilidades laborales cambiarán al final de la actual década, por su parte, la OCDE advierte que la empleabilidad es hoy uno de los factores decisivos al elegir estudios superiores.
Cinco transformaciones que consideramos urgentes
Entonces, como los estudiantes, el mercado, las dinámicas sociales y el mundo cambiaron y que el horizonte no es muy halagüeño para las universidades, la pregunta es si ellas lograrán cambiar a tiempo.
Desde nuestra experiencia en educación superior, estas son cinco transformaciones que consideramos urgentes y que los centros de estudios deben hacer lo más pronto posible:
1. Convertir el pregrado en un modelo modular tipo “Netflix Académico”
Estrategia: “Carreras sin carrera”.
En lugar de vender programas cerrados de cuatro o cinco años, las universidades deberían ofrecer:
• Microcredenciales acumulables o modelos por capas.
• Certificaciones por competencias de 3 a 6 meses.
• Diplomas intermedios con valor laboral inmediato.
• Posibilidad de pausar y retomar sin penalización.
El estudiante arma su trayectoria como si construyera una playlist profesional.
Consideramos que esto puede dar resultados porque:
• Reduce el miedo al compromiso largo.
• Permite “probar primero”.
• Facilita ingresos continuos durante el año.
Y el mensaje para los jóvenes es claro: “Construye tu profesión y tu futuro paso a paso”.
2. Pregrado con empleo garantizado o devolución parcial
Estrategia: Universidad con modelo de riesgo compartido.
Implementar:
• Convenios formales y medibles con empresas.
• Contratos de empleabilidad anticipada.
• Modelos tipo Income Share Agreement (ISA).
• Devolución parcial si no hay inserción laboral entre 6 y 12 meses.
Acá el mensaje es potente: “Si no consigues trabajo en ese lapso, asumimos parte del costo”. Esto rompe el principal miedo del mercado a pagar por algo que no genera retorno.
3. Programas híbridos con certificaciones internacionales desde el primer semestre
Estrategia: Doble valor desde el día uno.
Hacer las respectivas gestiones e integrar certificaciones externas reconocidas globalmente, como: AWS, Google, Meta, PMI, SAP, HubSpot y certificaciones en inteligencia artificial. Así, los alumnos no sienten que estudian “solo universidad” y desde el primer año perciben que ya tienen valor de mercado. Además, el mensaje y la comunicación cambian: “No esperes cuatro años para valer en el mercado”.
4. Pregrados para segunda oportunidad y reconversión juvenil
Estrategia: Ampliar el concepto de pregrado.
Si baja la natalidad, hay que ampliar el público objetivo:
• Jóvenes que desertaron y abandonaron sus carreras.
• Personas de 25 a 40 años en reconversión laboral.
• Migrantes.
En esta propuesta, el mensaje también en claro: “Pregrado flexible para reconversión profesional”, y la universidad deja de depender exclusivamente del bachiller de 17 años.
5. Convertir la universidad en una marca de estilo de vida
Estrategia: Comunidad aspiracional.
Es evidente que hoy los jóvenes eligen por:
• Experiencia, networking, marca e influencia digital.
Entonces, para un mundo cambiante y disruptivo, acciones disruptivas:
• Influencers estudiantes reales.
• Contenido educativo estilo TikTok y YouTube.
• Comunidad digital antes de la matrícula.
• Hackatones, retos e incubadoras visibles.
• Narrativa institucional potente y robustecida.
La decisión ya no es solo “¿qué estudio?”, es “¿a qué comunidad pertenezco?”.
Bonus estratégico: Universidad productora de empleabilidad en IA
La inteligencia artificial no es una carrera más, ni una golosina de moda, es una realidad que llegó para quedarse y hoy es una capa transversal.
• Formación en IA en todas las carreras.
• Certificación en herramientas de IA desde el primer semestre.
• Laboratorios de automatización.
• Clubes de creación con IA.
Nuevamente, el mensaje cambia de modo radical: “No estudias una carrera tradicional. Estudias una carrera potenciada por inteligencia artificial”.
La transición demográfica no se revertirá pronto. La inteligencia artificial no desacelerará y el mercado laboral no será más indulgente. La universidad que entienda que ya no vende solo títulos sino capacidad de adaptación permanente tendrá futuro y las demás enfrentarán una realidad más estrecha.
El pregrado no está muerto, pero sí está en crisis, y el tiempo para reaccionar se está agotando.
El debate está planteado. Las cifras demográficas no mienten y la inteligencia artificial no espera. La educación superior enfrenta un punto de inflexión que exige algo más que discursos institucionales.
Comparta esta columna, póngala sobre la mesa en su institución y conviértala en parte de una discusión necesaria. El futuro del pregrado no se definirá por inercia, sino por decisiones estratégicas tomadas a tiempo.
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