Con energía solar compartida se siguen transformando algunos barrios de Medellín

Techos que antes solo cubrían hogares hoy también comparten energía limpia entre vecinos del barrio Laureles

Medio Ambiente

ENERGÍA SOLAR. La transición energética en Colombia ya no se mueve únicamente en el terreno de los grandes proyectos solares o eólicos. Ahora también empieza a tomar forma en los barrios, en las comunidades y en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Medellín acaba de convertirse en escenario de un paso relevante en ese camino con la entrada en operación de una comunidad energética que permite compartir energía solar de manera colectiva, legal y medible, abriendo una posibilidad concreta para que más personas accedan a fuentes renovables sin necesidad de instalar paneles en sus propios techos.

La experiencia fue impulsada por Unergy en el reconocido barrio Laureles de esta ciudad, donde un grupo de vecinos comenzó a recibir los excedentes de energía generados por paneles solares instalados en las oficinas de la empresa.

El modelo funciona bajo la figura de Autogenerador Colectivo y se activa dentro de la red de EPM, que se convierte así en el primer operador del país en poner en marcha una comunidad energética bajo este esquema regulatorio. La operación también incorpora medición inteligente y seguimiento digital del consumo, lo que permite a los usuarios conocer mejor su relación con la energía, tomar decisiones informadas y obtener ahorros en la factura.

Qué son las comunidades energéticas y por qué importan para el medio ambiente

Las comunidades energéticas son esquemas colectivos mediante los cuales varios usuarios se organizan para producir, compartir y gestionar energía renovable. En la práctica, esto significa que vecinos o pequeños grupos de usuarios pueden beneficiarse de una generación solar compartida, incluso sin contar con paneles propios en sus viviendas o negocios.

Su importancia ambiental es profunda. Este tipo de modelo acerca la transición energética a la ciudadanía, descentraliza la generación eléctrica, promueve el uso de energías limpias y contribuye a reducir la dependencia de fuentes más contaminantes. Además, fortalece una cultura de corresponsabilidad sobre el consumo energético, algo clave en un contexto global marcado por la urgencia climática.

En el caso de Laureles, el proyecto suma tres componentes que lo vuelven especialmente relevante. El primero es el aprovechamiento de infraestructura solar ya existente. El segundo es la digitalización mediante medidores inteligentes. Y el tercero es el uso de analítica de datos para gestionar mejor la demanda. Esa combinación no solo mejora la eficiencia, sino que también convierte al usuario en un actor más consciente dentro del sistema eléctrico.

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“Nuestros vecinos siempre tuvieron interés en beneficiarse de los paneles que veían en nuestros techos. Este barrio nos recibió, nos vio crecer, y cuando la regulación finalmente lo permitió, supimos que la primera comunidad que queríamos construir era para quienes nos han acompañado. Hoy esa energía que generamos en nuestras oficinas llega directamente a los hogares de nuestros vecinos con ahorros en la factura, afirmó Eduardo Ospina, cofundador y CEO de Unergy.

Medellín y EPM marcan un precedente para la transición energética

El valor de esta iniciativa no está solo en su novedad. También está en el precedente técnico, regulatorio y comercial que deja para futuras experiencias en el país. Colombia ya venía mostrando avances importantes en energías renovables, pero aún no había logrado completar integralmente una comunidad energética bajo la nueva regulación, desde el registro formal hasta la operación con medición inteligente y gestión de excedentes.

Por eso, la participación de EPM resultó determinante. Las mesas de trabajo entre la empresa operadora de red y Unergy permitieron adaptar procesos, resolver exigencias regulatorias y aterrizar un modelo que hasta ahora estaba más presente en el discurso que en la práctica. El resultado es un caso piloto que podría servir como referencia para otras ciudades y operadores del país.

“Colombia ya demostró que puede atraer grandes proyectos renovables. El siguiente paso es que la transición energética también se construya desde los barrios. Esta comunidad prueba que es posible compartir energía solar de manera legal, medible y transparente, integrando tecnología, regulación y participación ciudadana en un mismo modelo”, señaló Juanita Giraldo, líder de Comunidades Energéticas de Unergy.

El futuro de la energía compartida cambiaría la relación de los ciudadanos con su consumo

Uno de los aspectos más interesantes de esta experiencia es que deja ver hacia dónde podría avanzar Colombia en materia de sostenibilidad energética. Si durante años el debate se concentró en cuánta capacidad renovable podía instalar el país, ahora la conversación también empieza a centrarse en quiénes participan, cómo acceden y de qué manera se distribuyen los beneficios.

El potencial de crecimiento ya empieza a llamar la atención del sector. Las estimaciones citadas en el texto base indican que Colombia podría superar el centenar de comunidades energéticas en operación en el próximo año si el marco regulatorio, la voluntad empresarial y la articulación con los operadores de red avanzan con rapidez.

La transición energética dejó de ser una idea abstracta y empieza a tocar la puerta de los hogares. Vale la pena preguntarse si nuestras ciudades, barrios y comunidades ya están preparados para compartir no solo la energía, sino también la responsabilidad ambiental del futuro. Léalo, compártalo y abra la conversación.

#ComunidadesEnergéticas #TransiciónAmbiental

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