EMPRENDIMIENTO. Definir metas de ahorro y fijar objetivos de crecimiento, son algunas de las recomendaciones clave planteadas por Asomicrofinanzas.
El pasado 16 de abril se conmemoró el Día Mundial del Emprendedor, una fecha que reconoce a nivel mundial a aquellas personas que destacan por su impacto social, creatividad y generación de empleo.
En Colombia, emprender sigue siendo, para miles de personas, una vía de progreso e inclusión social. No obstante, también es un camino lleno de incertidumbre financiera. De hecho, un buen porcentaje de los adultos en el país aún enfrenta barreras para acceder plenamente al sistema financiero formal, lo que limita su capacidad de ahorrar, invertir y sostener sus proyectos productivos en el tiempo.
Es así como el ahorro deja de ser una recomendación básica y se convierte en una herramienta estratégica para la supervivencia de los emprendimientos. No se trata solo de guardar dinero, sino de construir disciplina financiera en entornos donde los ingresos son variables y los riesgos, altos.
“En Colombia todavía tenemos un desafío enorme en educación financiera e inclusión productiva. Muchos emprendedores arrancan con buenas ideas, pero sin herramientas para gestionar sus recursos de manera eficiente y sostenible”, anota Felipe Clavijo Ramírez, Gerente de Investigación e Innovación de Asomicrofinanzas, entidad que agremia a instituciones que ofrecen servicios financieros y no financieros a las microempresas y negocios por cuenta propia en Colombia.
No es un problema menor. De acuerdo con la Confederación de Cámaras de Comercio de Colombia, Confecámaras, 75 de cada 100 empresas en el país no logran superar sus primeros tres años de operación, y entre las razones más frecuentes aparecen las dificultades de flujo de caja y una gestión financiera deficiente. En ese contexto, el ahorro se convierte en un respaldo clave para enfrentar la volatilidad.
Entonces surge una pregunta central, cuáles son esas prácticas clave que permiten llevar este concepto al día a día de los emprendedores. Frente a ello, Clavijo subraya las siguientes:
➡️ 1. Separar las finanzas personales de las del negocio: Uno de los errores más frecuentes es tratar los ingresos del emprendimiento como una extensión del ingreso personal. Esta mezcla distorsiona la realidad financiera del negocio y dificulta medir su rentabilidad. Contar con cuentas separadas no solo ordena las finanzas, sino que permite tomar decisiones más informadas.
➡️ 2. Definir un porcentaje fijo de ahorro: El ahorro no puede depender de “lo que sobre”. Establecer un porcentaje —así sea pequeño— convierte esta práctica en un hábito sostenible. En etapas tempranas, este fondo puede ser clave para cubrir periodos de baja liquidez o responder a imprevistos sin comprometer la operación.
➡️ 3. Planificar y registrar cada movimiento: La intuición no reemplaza la gestión. Llevar un control riguroso de ingresos y gastos permite identificar fugas de dinero, optimizar recursos y priorizar inversiones estratégicas. La planeación financiera es, en esencia, una herramienta de crecimiento.
➡️ 4. Integrarse al sistema financiero: El uso de cuentas de ahorro, billeteras digitales o productos de microcrédito no solo facilita la administración del dinero, sino que construye un historial financiero. Esto es determinante para poder acceder a financiación en el futuro que permita el crecimiento del negocio.
➡️ 5. Pensar más allá de la urgencia: El día a día del emprendimiento suele estar marcado por la inmediatez. Sin embargo, proyectarse a mediano y largo plazo —con metas claras de crecimiento, reinversión y protección— permite tomar decisiones más sostenibles y menos reactivas.
“El ahorro no es un lujo, es una herramienta de estabilidad y crecimiento. Entre más temprano se adopte, mayores serán las oportunidades de sostenibilidad y crecimiento para los emprendimientos”, concluye Clavijo.
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En un país donde las brechas de inclusión financiera siguen siendo profundas, el reto no es únicamente ampliar el acceso al sistema, sino transformar la relación que los emprendedores tienen con el dinero. Ahorrar no es una práctica pasiva, es una forma de anticiparse, de ser más resiliente y de construir futuro.
Emprender también es saber proteger lo que se construye. Si este artículo le deja una idea útil a alguien que hoy lucha por sostener su negocio, compártalo. Puede convertirse en ese impulso oportuno que ayude a tomar una mejor decisión financiera a tiempo.
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